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Comparto, luego existo

3 tumbas

Comparto, luego existo

Durante las últimas décadas los neurocientíficos han distinguido dos sistemas distintos de atención: la atención dirigida hacia fuera y la atención dirigida hacia dentro.

¿Quieres saber cómo están cambiando estos dos sistemas en las nuevas generaciones? ¿Cómo el uso de las nuevas tecnologías está alterando nuestra capacidad atencional?

Atención hacia fuera y hacia dentro

A lo largo del día cada uno de nosotros dedica un tiempo para dormir, para trabajar y también para actividades de aseo, alimentación, etc. Esto nos deja con una pequeña porción a la que llamaremos nuestro espacio personal y que es muy importante para cada uno de nosotros. Son los conocidos espacios muertos.hombre en bañador rojo

Es importante porque a lo que dedicamos este tiempo nos define como individuos. Es el espacio que compartimos con nuestros amigos, el tiempo que dedicamos a nuestras aficiones, a conocernos a nosotros mismos.

Es un espacio para ser creativos, para la reflexión, para pensar acerca de adonde nos dirigimos en nuestras vidas. Cuando pensamos acerca de lo significativa y plena que ha sido nuestra vida, todos vamos a parar a este espacio.

Para viajar a los espacios muertos utilizamos la denominada atención hacia dentro. Es la que usamos para reflexionar, imaginar, recordar; en definitiva, es la atención que nos hace soñar despiertos.

Lo que está ocurriendo en los últimos años es que este espacio donde antes solía ocurrir la magia, se ha visto reducido increíblemente por la irrupción de una trágica distracción que todos llevamos hoy día con nosotros: los dispositivos móviles. Los móviles activan la llamada atención hacia fuera, que es el tipo de atención que utilizamos para realizar la mayoría de las tareas diarias.

oso frente a ordenadorEl problema aquí es que el sistema atencional es un switch. ¿Esto que quiere decir? Pues, que cuando uno se enciende, el otro, automáticamente se apaga.

Esto se traduce en que cuando tenemos un pequeño respiro para mirar hacia dentro y sacamos el móvil, inmediatamente nuestra atención cambia a modo “hacia fuera”.

Ya no existen más esos tiempos muertos, esos espacios en blanco. Nos los han robado. Piénsalo por un momento: haciendo la cola del supermercado, esperando el autobús, a un amigo, incluso de viaje. ¿Cuánto tiempo hace que nos vas al baño sin tu móvil?

Malgastamos gran parte de este espacio personal y sagrado frente aplicaciones que para nada son una experiencia enriquecedora tal y como muestran los últimos estudios. Sobretodo, son esas que llamamos redes sociales porque se supone que nos conectan a unos con otros pero que como veremos a lo largo de este artículo, bien podrían llamarse redes antisociales.

Nos deprimen, nos enferman y nos hacen infelices. Pero por otro lado están diseñadas para explotar las vulnerabilidades humanas. Para ofrecernos una falsa satisfacción, una supuesta seguridad.

dos personas conversando

Estos dispositivos están cambiando no solo la forma en la que nos relacionamos con los demás sino la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos. Estamos perdiendo capacidad de autorreflexión. De sentirnos, de conocernos al fin y al cabo. Estamos perdiendo nuestra habilidad para soñar despiertos.

Ya existe una un nuevo movimiento en Japón conocido como “Ohitorisama” cuya traducción sería algo así como “Fiesta para uno”. Y consiste precisamente en que muchos jóvenes japoneses están apostando por pasar tiempo con ellos mismos y disfrutar de su soledad. Van al cine, salen a pasear por su ciudad, salen a cenar, al karaoke, etc.

#Phobbing

Pero también nos estamos acostumbrando a una nueva forma de interaccionar socialmente que consiste en estar juntos en solitario. Creo que todos sabemos de lo que hablo. Reuniones de amigos o familiares en las que muchos de los asistentes no sacan la cabeza de sus móviles.mano con móvil

¿Y qué hacen? Cualquier cosa menos estar presentes y ser conscientes. Pueden estar comprando por Amazon, charlando con otro amigo que se encuentra a miles de kilómetros, publicando una InstanStory de la cena que por cierto se están perdiendo o incluso jugando online. Me refiero al conocido phobbing. Es de locos si los piensas.

No me entra en la cabeza como podemos estar perdiéndonos el mundo por querer grabarlo, por querer inmortalizarlo con una foto. ¿De que te sirve guardar 89 fotos del último concierto al que fuiste si apenas vas a volver a verlas? Te lo digo yo: para crearte la necesidad de comprarte un nuevo móvil con mayor capacidad de almacenamiento para tantas fotos y vídeos que jamas verás.

Y así seguimos. Es absurdo. Hay momentos que merecen toda tu atención y cuando te metes detrás de ese aparato te los estas perdiendo. Deja el móvil en tu bolsillo y abre bien los ojos. De eso se trata, de estar despierto.

No nos equivoquemos, las personas seguimos queriendo estar con los demás, pero ahora también queremos estar en otros sitios, con otra gente al mismo tiempo. Y las pantallas nos ofrecen esta ilusión. Pero claro, como se suele decir, no se puede estar en misa y repicando. Y esto tiene sus consecuencias.

Poco a poco estamos perdiendo nuestra habilidad de conversar cara a cara. Muchos adolescentes no saben mantener una conversación fluida y con sentido. No son capaces de sintonizar, de conectar realmente con el otro aunque piensen que lo hacen. Y esto es realmente preocupante.

Compañía de segunda

Mensajeamos para cualquier cosa y lo hacemos porque una conversación real tiene principalmente dos aspectos negativos ineludibles: ocurre en tiempo real y no podemos controlar lo que vamos a decir, es decir no podemos editarla.

Enviar un mensaje de correo, publicar una foto en Facebook o colgar una historia en tu muro de Instagram nos permite presentarnos como queremos ser. Podemos editarnos, retocarnos. Esa es la esencia pero ¿no es esto una forma de escondernos los unos de los otros?

pareja en salonPor supuesto que las relaciones humanas son complicadas y en muchos casos demandantes. Pero están vivas. Y son un proceso de aprendizaje continuo necesario para el desarrollo de nuestro mundo interior. Pero se nos ha olvidado. O nos ha dejado de importar.

dos muñecos negros hablando

Preferimos creer que mandar una felicitación por WhatsApp porque Facebook nos avisó del cumpleaños de un amigo es igual que llamarlo por teléfono o quedar con él. Y no, no es lo mismo. Pero hemos elegido creer que sí.

Muchos de nosotros prefiere mandar un mensaje de texto antes que realizar una llamada. Muchos son los que se sienten defraudados en esas conversaciones reales en las no son escuchados o no son entendidos.

Este deseo de sentirnos comprendidos constantemente es el que nos ha empujado a esperar más de un dispositivo que de una interacción real. ¿Esperamos más de la tecnología que de los demás?

Es por eso por lo que nos resulta tan atractivo tener una página de Facebook o una cuenta en Twitter. De la noche a la mañana tenemos toda una audiencia dispuesta a compartir todos y cada uno de nuestros pensamientos.

hombre sobre almohada

Esta tecnología nos ofrece la falsa ilusión de compañía, de estar conectados y todo ello sin las exigencias y demandas de una verdadera amistad. Parece la solución perfecta para un mundo en el que somos incapaces de estar solos pero también tenemos miedo a la intimidad.

Nietzsche estaría espantado en un mundo así, ya que llegó a decir: “Mi soledad no depende de la presencia o ausencia de las personas; al contrario, odio a quien roba mi soledad sin, a cambio, ofrecerme compañía de verdad.” hombre haciendose una selfie

Esa es la razón por la cual, el selfie se ha vuelto tendencia en los últimos años. Porque para decirles a los demás que estamos presentes tenemos que hacernos presentes publicando constantemente contenido.

Así que intentamos mantener un equilibrio entre “quiero hacerme presente y darme a conocer” y “no quiero ser tomado como un egocéntrico, un narcisista o peor, un pesado.

De esta preocupación, nacen por ejemplo ciertas poses ya clásicas en los selfies como poner morritos o la conocida y ridícula cara de pato.

Al adoptar un gesto muy forzado que ciertamente rebaja tu propio atractivo les decimos a los demás que aunque publiquemos 100 fotos nuestras todos los días, no es porque nos queramos mucho.

Si quisiera reconocimiento, publicaría otro tipo de fotos ¿no?. De esta forma creemos evitar el juicio de los demás. Es lo que se conoce actualmente como la paradoja selfie. La mayoría de nosotros disfrutamos con la publicación de nuestras propias fotos, pero no nos interesa en lo absoluto los selfies de los demás.

¿Qué futuro nos espera?

Pero la triste realidad es que no estamos tan bien. En realidad no nos va tan bien. Esta tecnología nos ofrece la fantasía de que siempre seremos escuchados y de que nunca estaremos solos. Y esto es una gran mentira.

Porque en el momento en el que alguno de nosotros se encuentre solo, que lo estará, se sentirá ansioso, entrará en pánico y buscará desesperadamente en su bolsillo ese dispositivo que le ofrece conexión. Así es como pasamos nuestro peculiar síndrome de abstinencia. Porque en realidad somos adictos emocionales. Estamos enganchados al consumo continuo de experiencias en un bucle sin fin.hombre habla a mujer que mira el movil

Y la solución que nos venden es conectarse. Pero piénsalo, nos conectamos para seguir estando aislados puesto que esa supuesta conexión es un sustitutivo barato, rápido y de tercera de una interacción real.

Se nos esta pasando que estos dispositivos móviles nos acercan a los que están lejos, pero nos alejan de los que están cerca. ¿Pero qué más da? A algunos les basta.

Y además conectamos con otros para aliviar nuestra angustia, nuestra ansiedad generada por la incapacidad de pasar tiempo con nosotros mismos. ¿No es esto una forma de utilizarlos? ¿De usarlos? ¿Realmente nos interesa conectar de una forma significativa y profunda o es solo un vano intento de aliviarnos por un rato, de pasar el mono?

¿Es este el legado que queremos dejar a nuestros hijos? Ya lo estamos empezando a ver. Los más pequeños manifiestan cada vez más frustración cuando se sienten solos. Se aburren con facilidad y son incapaces de gestionar sus emociones de una forma adaptativa de manera que acuden al igual que sus padres a los dispositivos móviles a por una nueva dosis de supuesta comprensión.

niña columpiandoseDebemos afrontar un reto que definirá nuestro mundo en los próximos años. Si no somos capaces de estar a solas con nosotros mismos, sino desarrollamos esa capacidad de autorreflexión viviremos en un mundo egoísta al servicio de nuestra adicción y cuyo rumbo habrá sido impuesto por terceros.

Así que tú decides. ¿Vas a dejar que un diminuto chisme electrónico te diga como vivir tu vida? ¿Estas dispuesto a renunciar a eso que te hace tan humano como es tu capacidad para ensoñar. Como dijo Carl Jung: “Aquel que mira afuera, sueña, quien mira en su interior despierta”

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